La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Alea iacta est


Lo bueno de la vida es que todo tienes principio y fina, que nada es eterno. Como dice el refrán, ‘no hay mal que cien años dure’, al que yo añado ‘ni cuerpo que lo resista’, y menos si de campaña electoral se trata, en la que todos prometen y luego nadie se acuerda de cumplir lo prometido.

Cuando estas líneas vean la luz esteramos en plena jornada electoral, en la ‘gran fiesta de la democracia’, y la mayoría habremos cumplido con la obligación y el derecho de depositar nuestro voto, bien con la intención de que sigan mangoneando los mismos que hace cuarenta años, o bien dejar paso libre a nuevas propuestas. Sí, he dicho mangonear, porque la realidad es que hacer política creo que no es lo que hacen nuestros queridos mandatarios, al menos con Cuenca y su provincia.

Lo mejor de la campaña es que ya ha pasado, por fin, y que mañana será otro día con su nuevo afán. Para unos será feliz e incluso me atrevería a decir que ilusionante, mientras que para otros estará lleno de incógnitas y de dudas por resolver.

No soy tan osado como para predecir un resultado, pero si me atrevo a aventurar que van a estar reñidos estos comicios, ya que percibo cierto cansancio en los votantes y hasta pasotismo ante tanta promesa incumplida y tanto proyecto a largo plazo. Sí, a largo plazo, que es la fórmula más segura de no cumplir con lo prometido en campaña y plasmado en el programa de los partidos.

Una campaña más y, por lo tanto, más de lo mismo: mucho bla, bla, bla, y poco o nada que mostrar de aquello que se ha hecho desde hace cuatro años. En definitiva, que Cuenca está donde estaba, y que si siguen gobernando los mismos, volverá a pasar otro cuatrienio y estas líneas seguirán teniendo la misma vigencia que cuando las estoy escribiendo.

Lástima que no nos demos cuenta del engaño permanente al que nos someten los políticos, haciéndonos creer que algo va a cambiar, cuando en realidad ellos saben a ciencia cierta que nada se va a mover y que todo seguirá siendo igual para una ciudad que poco a poco languidece; una ciudad que envejece su población con pasos agigantados, mientras nuestras ‘hermanas’ crecen, se desarrollan y multiplican sus servicios a los ciudadanos. 

Ya no hay tiempo de dar marcha atrás, y como dijo Julio César al cruzar el Rubicón ‘Alea iacta est’. La suerte está echada. Tan sólo nos queda rezar y confiar en la providencia, porque lo que es en los políticos, la confianza hace tiempo que la perdimos. ¡Que Dios reparta suerte!

 

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