La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

El cambio necesario


Hubiera bastado con que Luis Enrique convocara a los medios de comunicación e hiciera suya la frase ya mítica del Rey Juan Carlos, tras su viaje-safari en busca del elefante perdido. “Lo siento. Me he equivocado. No volverá a ocurrir”, dijo el monarca con aire compungido, cuasi como un niño que espera la regañina de sus padres. Pero no ocurrió nada de lo que se esperaba, porque la soberbia y la chulería del seleccionador no le permite reconocer sus errores, sino que abunda más en ellos y echa balones fuera, tratando de justificar lo injustificable.

En el deporte, como en otros ámbitos de la vida, se puede ganar o perder. Cuando se gana, hay que mostrar humildad y respeto hacia el contrario y cuando se pierde hay que salir a dar la cara y pedir perdón por no haber podido conseguir los objetivos, argumentando razones que, en algunos casos convencerán y en otros no. El caso es afrontar la realidad y no dejar que la vanidad (recuerdan la columna anterior), nos ciegue el entendimiento y nos haga parecer aún más ridículos de lo que ya lo hemos sido en el terreno de juego.

Pasados unos días, las cosas vuelven a su cauce y las heridas empiezan a cicatrizar, aunque lo peor es que lo hagan en falso y la recuperación sea más larga de lo esperado. 

Ante semejante varapalo deportivo, solo cabe una solución drástica: replantear los esquemas, rescatar lo positivo, dar las buenas tardes al seleccionador y mandarle al banquillo o a su casa con sus perros y sus amigos streamers que tan buenos resultados le han dado en el Mundial.

Resultados al margen, lo cierto es que España necesita un cambio de estrategia. El ‘tiqui-taca’ ha pasado a la historia, y el sobar el balón de un lado a otro, es un aburrimiento. El fútbol es juego que provoca emoción pero a base de goles, no de pases sin sentido y de acariciar el balón como si fueras el dueño de la pelota y no le dejaras jugar al resto de chavales de tu barrio. O metes gol, o te manda a casa cualquier selección.

Lo que sí me ha extrañado en el Mundial, es no haber visto en el palco del estadio a ningún ministro y mucho menos a nuestro gran presidente Sánchez, tan aficionado a los eventos deportivos y a salir en la foto con los jugadores. Lo que sí ha hecho el amado líder es volver a pronunciar otra de las frases por las que, sin duda, pasará a la historia. El buen hombre ha sentenciado: “agradezco a la selección el coraje y esfuerzo que han demostrado. Nos habéis hecho vibrar y sentirnos orgullosos”. 

Y yo me pregunto ¿orgullosos de qué? ¿vibrar en qué momento? ¿Se refiere a este Mundial o al que logramos conquistar? ¿Ha visto algún partido el señor presidente? Pues me da la sensación de que se lo han contado sus asesores, porque no sé dónde está el orgullo ni la vibración, ni el esfuerzo. Claro que, viniendo de Sánchez, todo es posible como lo es también de Luis Enrique. Dos dirigentes con altos índices de vanidad y soberbia, que necesitan una larga cura de humildad. A buen entendedor… 


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