La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

El carro delante de los bueyes


Al fin vislumbramos el último tramo de marzo. Un mes cargado de significación para mí, aunque supongo que le sucederá igual al resto de  los mortales con otros meses en los que se agolpan los recuerdos y renacen las vivencias como lo suele hacer la primavera recién instalada desde el principio de la semana, aunque todavía el sol no haya dado muestras de su nueva situación y se perfila tímido, como si no se atreviera a tomar mando en plaza proclamando que el invierno está fuera y que caminamos hacia el mes de las flores, los cantos de ronda y las elecciones municipales y autonómicas.

El astro rey aún no se ha decidido del todo a dar el paso adelante, pero quienes sí lo han hecho han sido los políticos que no paran de salir en las fotos y de lanzar propuestas de trabajo y mejoras si vuelven a ser elegidos. Vivimos en una precampaña eterna, porque desde que se cierran las urnas hasta que se vuelven a abrir, no paran de darnos la murga con promesas y bendiciones si les hacemos el ‘favor’ de votar a las siglas que representan.

Durante cuatro años nos tienen adormecidos con pequeñas migajas, pero llegado el momento de las nuevas elecciones, se despliegan los mapas de la ilusión y se aben los cajones del olvido de los que salen viejos proyectos y grandes aspiraciones. Surgen los palacios de congresos prometido, las autovías nunca proyectadas y remodelaciones jamás soñadas. No faltan las promesas de más viviendas y de espacios de ocio, de aire libre, de entornos sostenibles, respetuosos con el medio ambiente; ciudades peatonales, macrocentros comerciales y mil y una baratija que se exhibe en el tenderete de la feria de las vanidades políticas de quienes ni lo han hecho ni lo van a hacer, porque como bien dice el refrán, ‘obras son amores y no buenas razones’.

Uno de los últimos ejemplos de vendedores de humo de la política local es la de la implantación de un centro comercial al aire libre en las inmediaciones del camino de Nohales. Un complejo plagado de tiendas en una ciudad que ha dejado a su suerte al pequeño comercio y que ha convertido el centro tradicional en un espectáculo de locales vacíos que lucen el cartel de ‘se alquila’ o ‘se vende’. ¿Y tienen la cara dura de vendernos la moto con otro centro comercial que va a dar empleo a la friolera de 20 personas? Eso, en mi pueblo, se llama ‘poner el carro delante de los bueyes’.

¡Qué vamos a comprar si es una ciudad empobrecida sin perspectivas de futuro, habitada en su mayor parte por funcionarios y jubilados, con un índice de natalidad por debajo de la media nacional y sin ninguna industria ni asomo de que la vaya a haber! ¿No sería más lógico crear primero puestos de trabajo, infraestructuras que generen prosperidad y luego atraer centros comerciales? Pues parece ser que esta no es la política de los visionarios que nos gobiernan. Los mismos que callan al ver cómo se desmonta la estación del tren; los mismos del mismo partido que propiciaron que el AVE parara casi en Motilla en vez de en el centro de la ciudad, Los mismos que iban a demoler el mercado de la Plaza de España; los mismos que llevan cuatro años sin levantar un dedo en protesta por la marginación que sigue sufriendo Cuenca y que seguirán callados por no molestar al patrón y poder seguir sentados en la poltrona. 

Eso sí, ahora que se acerca Semana Santa, se revestirán para la ocasión y desfilarán detrás de los pasos con cara de circunstancia, sufridores como nadie. Penitentes de ocasión que miran con cierto aire de superioridad, mientras aguardan el día de la votación, pensando en lo bien que lo han hecho durante la legislatura, en la que han repintado cuatro pasos de peatones, han cavado cinco zanjas y remodelado tres rotondas. ¡Que Dios nos coja confesados otros cuatro años más! Amén.


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