La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

La cajita del recuerdo


El diccionario de la RAE define el término ‘memoria’ como “imagen o conjunto de imágenes, de hechos o situaciones pasados que quedan en la mente”. Dicho así de sencillo, parece algo sin importancia, pero lo cierto es que sin memoria nos sería imposible avanzar en la vida, ya que el recuerdo tiene la virtud de prevenirnos sobre lo que hemos hecho bien o mal, y nos da opción de enmendar futuros errores. 

Viene a colación hablar de la memoria, sobre todo ahora que se acerca el tiempo de las urnas, volver a abrir el cajón de los retales del recuerdo y repasar todo aquello que en su momento nos contaron los políticos (me da igual del partido que sean), y que al final nada de lo dicho se convirtió en realidad palpable. Vaya, que, como dice el refrán, ‘obras son amores y no buenas razones’. A buen seguro que en los próximos mítines populacheros que darán nuestros queridos representantes, volverán a contarnos las maravillas que van a hacer si les volvemos a otorgar la confianza de que sigan poniendo sus posaderas en la poltrona del poder. 

Volverán a tirar de papeles olvidados y nos contarán que todo lo que prometieron lo están cumpliendo. Y digo ‘lo están cumpliendo’, cuando en realidad deberían decir ‘lo hemos cumplido’. Ya ven si importa aquí o no importa el tiempo de los verbos que aprendimos en el colegio…

Nos convocarán a los actos de campaña para seguir dándose baños de multitud entusiasta (y digo bien, porque a los mítines que organiza cada partido sólo acuden los adeptos), a quienes poco les importa lo que diga el amado líder, ya que lo único válido es el aplauso, el pase de manos por el lomo y sentirse satisfechos de los buenos y guapos que somos y lo bien que lo hemos hecho.

A menudo me pregunto si de verdad no les da vergüenza salir a los escenarios y volver a contar las mismas milongas que venimos escuchando desde hace una treintena de años. De verdad pienso, y no me equivoco, que nos toman por idiotas y que piensan que con cuatro baratijas volveremos a conformarnos otros cuatro años. 

Dicho esto, retomo el asunto de la memoria e invito a que todos hagamos un pequeño esfuerzo a modo de recordatorio y repasemos las promesas que han ido desgranando y que nunca se han cumplido. Cierto es que si tuviera que hacer una lista de ‘engaños’ tendría que utilizar varias páginas, y tampoco es cuestión de pasarme el día rebuscando los incumplimientos, aunque bastaría con decir que aún no tenemos acabado el famoso hospital; que ni se sabe nada, ni se espera, de la autovía a Teruel; que aún nadie ha mostrado los planos del famoso Palacio de Congresos; que nadie se acuerda ya de la falta de trabajo en Cuenca; la escasez de medios para los jóvenes, el estado lamentable de calles y plazas; la suciedad en las paredes (y luego se les llena la boca de Patrimonio y demás gaitas); del abandono del Parque de San Julián y el descuido del resto de parques de la ciudad. Eso sí, lo que no hace falta recordar es la prisa que se están dando en desmantelar la estación de ferrocarril y tumbando el muro… ¿Será que corre prisa despejar el terreno para construir? Y sí, una lista más larga que la de Schindler en la que los sacrificados seguimos siendo los ciudadanos que seguiremos lamentándonos de la ‘mala suerte’ que tiene Cuenca, y que a falta de todo lo que nos merecemos, tan sólo nos queda el lamento y la resignación: el consabido ¡Ea!, y mirar para otro lado, mientras la ciudad se va apagando poco a poco, sin que nadie tenga los suficientes co… (nocimientos), para decir de una vez por todas ¡Basta ya de tomaduras de pelo! Claro que, en el fondo, somos lo que somos: cuatro gatos mal contados, ensimismados con nuestro paisaje, orgullosos de las hoces y de los famosos remontes que nos van a colocar, y que como ciudadanos pintamos poco, o por decirlo claro, nada de nada.

Recuerden… Abran la cajita de la memoria y saquen a pasear las promesas y los proyectos de los que nos vienen hablando desde que Alfonso VIII se fue a vivir lejos de Cuenca. Amén.

 

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