La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

La verdad


Créanme si les digo que no me apetece nada ver la tele, por más canales que me ofrezcan las compañías esas que te venden un pack completo de internet, películas y llamadas gratis. No me convencen.
Y digo que no me apetece, porque cuantos más canales tengas, más noticias te tragas; y todas, o casi todas, con el mismo contenido: el mundo está cada día peor. 

Terremotos, guerras, hambre, huracanes y desgracias cercanas o lejanas, te ponen los pelos como escarpias y te quitan las ganas de comer, porque siempre coincide que emiten las imágenes sobre los niños que pasan hambre, justo cuando te vas a llevar a la boca la cuchara con el guisado de patatas con bacalao, por ejemplo, o estás acabando la última cucharada de yogur.
 
Hambres y huracanes al margen, lo de estos días si que me ha parecido insoportable y me ha provocado el rechazo total al pensar en el absurdo de esta sociedad hedonista y vacía de valores, en la que la vida humana cada vez vale menos y la muerte violenta es el pan nuestro de cada día. Lo digo por los asesinatos ocurridos en U.S.A en las últimas semanas, provocados por un personaje siniestro que andaba publicando en las redes sociales vídeos de ataques con armas de fuego. La ficción la convirtió en realidad y se ha llevado por delante la vida de unos cuantos inocentes.

De todos es bien sabido, y las películas americanas lo corroboran, que la gran patria yankee es un país donde la violencia es algo cotidiano, donde la compra de armas está permitida en la mayoría de sus estados, y en los que la ley del más fuerte parece ser la norma más común y parece que el viejo y lejano oeste no ha pasado de moda sino que está cada vez de mayor actualidad, triste actualidad.

Dicen algunos expertos en psicología y comportamiento, que las noticias que aparecen en los informativos contribuyen decisivamente a desencadenar más sucesos violentos. Verdad o no, lo cierto es que cada vez que se produce un caso de este tipo, a los pocos días vuelve a repetirse, y si cabe con mayor número de víctimas. 

Ante tal situación, cabe preguntarse en qué forma pueden los medios de comunicación contribuir en la medida de sus posibilidades, a evitar exponer de manera tan cruel las imágenes de los asesinatos, y narrar los hechos sin abundar en detalles que pueden resultar morbosos. Claro que, ante la noticia, el medio tiene la obligación de contar lo que sucede, porque en ello está su deber como tal medio de comunicación y, como corresponde a su esencia, está obligado a contar lo que sucede.

Hablando de medios de comunicación… ¿no les parece que en este país nuestro de cada día, cada vez hay más medios que nos siguen contando una ficción, haciéndonos creer en una realidad que no existe? Por un lado, unos andan proclamando que estamos en el mejor momento de nuestra historia democrática, aunque por otro lado, a poco que uno piense, se da cuenta de que no nos dicen la verdad. La línea que separa la realidad y la ficción es tan delgada, que resulta fácil traspasarla y no llegar a saber bien en qué lugar te encuentras. Lo malo es que las contradicciones conducen a la esquizofrenia, y cuando está se instala, ya sí que no hay manera de dar marcha atrás y entonces es cuando este país se convierte en un pequeño manicomio en el que la verdad y la mentira comen del mismo plato y duermen en la misma cama.

Ayudar a discernir entre la verdad y la mentira sí que es tarea principal de los medios de comunicación, aunque en los tiempos que vivimos, de realidades virtuales, medias verdades y grandes mentiras, corremos el riesgo de equivocarnos y caer en la trampa de quienes nos quieren manejar a base de desinformar, evitando de este modo que pensemos, que tengamos criterio propio y, como consecuencia, seamos capaces de diferenciar con claridad quienes venden humo y quienes hacen lo posible por mostrarnos la realidad tal como es, aunque resulte dura. La verdad ante todo, a pesar de que a veces sea dolorosa y cueste asimilarla.

 

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