La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Megalómanos y tiranos dementes


Créanme si les digo que no sé cómo empezar esta columna y mucho menos cómo la voy a acabar, porque tenía pensado hablarles esta semana de carnavales, disfraces, murgas y chirigotas, pero la actualidad manda y, de repente, me desperté una mañana con la noticia de que un hijo de Putin, (conste que no es insulto, sino el apellido del padre y, por tanto, Vladimir, es hijo de Putin), no se le ha ocurrido otra cosa que mandar a sus tropas a invadir Ucrania.

A buen seguro que, este sujeto, se levantó de mal humor y, en vez de desayunar tranquilamente, leer la prensa y dar un paseo, no se le ocurrió otra cosa que abrir la caja de Pandora y poner en riesgo la paz mundial, sin más razón que la de plantar sus santas narices en una tierra que desea la paz, vivir en armonía y en régimen democrático.

La historia se repite, pues no en vano, otro loco de atar, un tal Adolf Hitler, ya hizo lo mismo en 1939, cuando se encaprichó de Polonia y mandó sus tanques al combate, provocando la segunda guerra mundial.

Y en ello estamos. En una guerra a pocos miles de kilómetros de casa, y con el agravante de que el agresor posee armas nucleares como para destruir seis veces el planeta. La madre Rusia ha vuelto a ser madrastra para con sus propios hijos y más aún con sus fronterizos ucranianos que sólo desean que les dejen vivir, poder elegir a sus políticos, sentirse europeos y disfrutar, en la medida de lo posible, de las maravillas que nos ofrece este pequeño mundo que habitamos y que, según nos muestra la historia, nunca ha estado en paz, porque desde Caín y Abel, no ha habido un solo día en que no haya habido que lamentar alguna muerte, una agresión o una invasión de un territorio por parte de los habitantes del país de al lado. El ser humano es guerrero por naturaleza. En vez de dialogar, prefiere atacar, destruir, arrasar todo aquello que no le convence y parece que goza con los conflictos. Guerras absurdas que no conducen a nada, salvo a la muerte y la desolación. Destruirlo todo para que no cambie nada.

Al iniciar este intento de columna, pensé hacer un alegato contra la guerra, pero soy consciente de que de nada serviría, ni mucho menos haría cambiar la opinión de los dirigentes políticos, que son quienes provocan los conflictos en los que jamás participan, porque que yo sepa, ninguno de los que ocupan las altas esferas del poder han muerto en ninguna batalla.

Tampoco es cuestión de echar la culpa a ‘los rusos’ en general, porque el pueblo ruso no es quien provoca la guerra sino el descerebrado que los dirige y al que están obligados a soportar ya que no tienen más opción que votar a un solo candidato. ¿Les suena?

Lo que sí haré es dar un rotundo ‘No a la Guerra’, a cualquier tipo de guerra, y desear que impere la cordura y la buena voluntad, para que cuanto antes se pueda llegar a un alto el fuego, y el pueblo ucraniano deje de sufrir y pueda volver a vivir en paz aunque el mal ya está hecho y nadie puede devolver la vida a los muertos causados por la sinrazón y el ansia de poder del único culpable Vladimir Putin, hijo de Vladimir Spirodònovich Putin y María Ivanòvna Putina, aunque en realidad no convivió mucho con sus padres biológicos, ya que estos le enviaron a vivir con una familia de sustitución. Todo un ejemplo de ser inhumano, antisocial que, según el politólogo Stanislav Belkowski, “este hecho le causó muchos traumas, los cuales le llevaron a desconfiar de las personas y a sentirse únicamente cómodo en compañía de animales”. Un personaje digno de estudio por parte de psiquiatras para situarlo en la historia junto a otras ‘perlas’ como Hitler, Stalin, Pol Pot y alguno que otro de cuyo nombre no quiero acordarme.

Once días han pasado desde que se inició la invasión de Ucrania, y ya van varios centenares de muertos civiles, entre ellos niños, que son quienes más sufren los horrores de esta gran sinrazón que es la guerra.

Espero y deseo que alguien ponga freno a esta locura, que cesen los combates, que se retiren las tropas, que paren las amenazas de lanzamiento de misiles nucleares y que la cordura y la buena voluntad prevalezcan sobre la locura y las ansias de poder de un tirano megalómano demente que puede arrastrarnos a todos al abismo de la destrucción.



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