La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

Nada por aquí, nada por allá


Paso página de febrerillo ‘el corto’ y me adentro en marzo con pie firme y con ánimos renovados, aunque sigue haciendo frío y la primavera todavía no se ha atrevido a dejar su tarjeta de visita. Mal asunto cuando marzo empieza con hielos y cielos sombríos. 

Pensaba que, con el cambio de mes, el panorama se iba a ir aclarando, pero tengo la sensación de que todo sigue igual o aún peor de lo que estaba meses atrás. Y no me refiero a la meteorología solamente sino al panorama político-social que nos ha tocado vivir, inmersos en un carrusel de despropósitos y marañas de corrupción, de mentiras y engaños, con el único fin de mantenerse en el poder, aunque enarbolen la bandera del bienestar ciudadano, cuando la realidad es que el bienestar de los votantes les importa menos y nada.

Y en tanto llega el tiempo de las urnas, de pegada de carteles y mítines enardecedores, la vida sigue discurriendo de manera lenta, pausada, sin cambios positivos sino más bien al contrario. ¿Alguien ha explicado el cambio que supone el dejar a Cuenca sin tren convencional? ¿Ningún parlamentario del partido del Gobierno ha alzado la voz? ¿Habrá tenido miedo de no salir en la foto? ¿Alguien se ha parado a pensar a quién o a quiénes beneficia el cambio? ¿No se tratará de otra operación especulativa con los terrenos? ¿Para qué tanta promoción de viviendas en una ciudad que se muere lentamente, cuya población no crece, donde no hay industrias ni más medio de vida que ser funcionario, jubilado o pequeño empresario autónomo? ¿Son esos los cambios que nos prometen?

Mientras llega el tiempo de decidir, los insignes políticos del panorama provincial, entretienen su afán desgranando las migajas de promesas, viejas promesas en las que no creen ni ellos mismos, porque en vez de hablarnos como a niños, deberían centrar su discurso en realidades, en hechos concretos y no apostar por sueños y quimeras imposibles de cumplir. Pero claro, mientras, van pasando los años y otra vez vuelven los magos de la ilusión a salir al escenario y volvernos a mostrar la chistera donde tienen guardado el conejo. Lo malo, o mejor dicho, lo bueno, es que ya conocemos el truco, y nos consta que ni siquiera hay conejito en el sombrero. El numerito de magia ya lo hemos visto mil veces y cada vez es más difícil convencernos. Tampoco nos sirven ya los juegos de cartas porque como no es la primera vez que hacen el pase de manos, ya sabemos que los magos juegan con la ilusión y el asombro del espectador. Los prestidigitadores nos entretienen para divertirnos y hacernos creer en lo imposible. La diferencia entre el político y el mago es que éste advierte de que todo es ficticio. El político no dice nada, pero siempre juega con las cartas marcadas. Nada por aquí, nada por allá, y a seguir viviendo otros cuatro años…


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