La Opinión de Cuenca

Magazine semanal de análisis y opinión

El diccionario


Tengo un amigo que se llama Antonio. No digo el apellido, bastante conocido, para no violar la ley de protección de datos… Tan sólo diré que Antonio escribe en medios de comunicación y lo hace con sabiduría, tremenda ironía, dominio del lenguaje y prosa fácilmente comprensible para todos los públicos.

Hace un par de semanas leí un texto en el que hablaba del lenguaje que utilizamos, o mejor dicho, del que utilizan los políticos de nuevo cuño que nos gobiernan.

Decía en su columna Antonio que “los políticos de hoy en día juegan al fútbol con el idioma y se hinchan de meter goles al diccionario sin haber abierto uno en su vida. Y si lo han abierto ha sido por error”.

Y es que tiene razón porque estos indocumentados, algunos de ellos con menos estudios que Tarzán, se permiten el lujo de expresarse utilizando anglicismos y palabras inventadas que no tienen sentido alguno, en vez de hablarnos claro y de manera que podamos entenderles. Tengo la sospecha, o más bien la certeza, de que lo que pretenden es todo lo contrario, porque cuanto más enrevesado sea el discurso menos lo comprendemos y a sus señorías les resulta más fácil engañarnos.

Desde hace un par de décadas, los ilustres padres de la patria se dedican a confundirnos con el lenguaje, empeñándose en no llamar a las cosas por su nombre, a la vez que alargan las frases y acentúan al revés. Sí, al revés. Sólo tienen que escuchar un discurso del amigo Sánchez al que se le llena la boca de ‘résponsabilidad’, párticipacion, glóbalizacion etc., etc. Seguro que el día que explicó su maestro los acentos no asistieron a clase.

Vivimos en un mundo de palabras huecas y frases grandilocuentes que no significan nada. Y lo más grave es que las asumimos e incluso hacemos chistes sobre ellas y reímos las gracias a quienes las pronuncian, sin reparar en lo verdaderamente importante, en el mensaje que nos quieren inocular, como si de la vacuna salvadora se tratara. La inmunidad del rebaño también tiene su efecto adormecedor en las masas de borregos.

Mal está que se acentúe al revés, que se usen palabras extranjeras en vez de rebuscar en nuestro vocabulario castellano palabras con el mismo significado, pero lo que más me indigna de estos políticos de la nueva ola es que se creen que han descubierto la pólvora cuando sueltan palabras sin sentido, ignorando que “el sabio, incluso cuando calla, dice más que el necio cuando habla”.

Escuchemos por tanto al sabio, aunque sean sus silencios, y hagamos oídos sordos al discurso de quienes, tratando de aparentar sabiduría, no son más que necios sin nada que decir. Dicho lo cual, me despido de todos ustedes, sin olvidar a ninguno, ninguna y ningune.


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